Lectores Comprensivos

15 oct. 2010

La Plaza!

Mirar por la ventana le hizo sentirse mejor. El cielo despejado le animó a salir a la calle. Llevaba unos días un tanto decaído pensando en el porque de aquella situación. Aun, no lo entendía y su cabeza daba vueltas.

Después de mucho caminar llego a la plaza en la que de costumbre se podía ver la estatua inmóvil del héroe de aquel pequeño lugar. Se sentó bajo el basto mármol y observo como el sol se ocultaba entre las montañas. Su vida había comenzado una vez mas, aunque el no lo entendía así, pensó que ese era el final.
Comenzó a oscurecer y retomo el camino de vuelta. Todo había acabado. Se sintió libre de nuevo. Agarro bolígrafo y papel y le contó su historia al sordo papel. Quiso que su recuerdo fuera a parar a manos del que en algún momento necesitara sentirse escuchado, y así fue. Pasaron los años y todo en el pequeño pueblo todo seguía igual, excepto él, ya no estaba.

Aunque su escrito saco a muchos jóvenes de saltar al vació el no tuvo a nadie que se lo impidiera. Quizás ese fue realmente su problema.

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