Lectores Comprensivos

4 nov. 2010

Imaginé una breve revolución

El vecindario se levantó de madrugada entre gritos y estallidos. Puños en el aire sirvieron para motivar a todo aquel que salió asustado y desorientado de su hogar a altas horas de la madrugada.

El fuego de contenedores calle abajo alertaron a los que en algún tiempo se les llamó autoridades. El control de la ciudad llegaba realmente por primera vez a manos del pueblo que se apoderaba de plazas y avenidas en cuestión de minutos. Los niños corrían riendo al grito de “libertad para el pueblo”. Los adolescentes invadieron portales y escaparates mientras destruían todo lo que a su paso encontraron.

El orden caótico de las calles dio paso a la soñada anarquía por muchos pensadores tiempos atrás. La ciudad quedó desolada tras la aparición del sol, las calles sucias y vacías de la mañana dejaba ver como el peligro de una masa enfurecida podía reducir cualquier poder que se opusiera a ella. La soñada libertad se logró tras una breve revolución, el defectuoso sistema por fin se vino abajo y dio paso a la anarquía en las calles. Un nuevo día empezaba.

No fue más que la imaginación de un joven perdido en las horas muertas de la mañana.

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