Lectores Comprensivos

28 nov. 2010

Es mágico...

Es mágico ver, tras la ventana, como en la calle se forman charcos. Abrir la puerta y respirar hondo, notar como el olor a mojado te invade, sentir que por fin vives un día diferente.

Has pasado la tarde observando como se inunda la ciudad, mientras tu estas seco, en casa, con el chocolate y con un nuevo libro que te han prestado, concentrado, sin perder detalle del sonido que hacen las palabras leídas mezcladas con el ruido producido por el agua que afuera no cesa. Una tarde distinta sin duda. Alejado de falsas compañías, de caras amargas, y sumergido en un mundo ideal dentro de ti.
El chubasco concluye. Sales sin abrigo y con ganas de correr, se nota en el parque un ambiente infantil que no deja indiferente a nadie. La risa de pequeños llenos de barro alegra al afligido, al apenado, al que ya no siente. Carreras de caracoles y saltos sobre charcos que parecen piscinas entretienen a los pequeños, mientras, adolescentes y no tan jóvenes se besan bajo las pérgolas. Todos disfrutan del día y ver disfrutar te hace sentirte en cierto modo más contento con el mundo, más realizado. Analizas cada beso que ves, cada caricia que en los rincones se distingue y cada carcajada que de fondo retumba en tu mente, y das gracias.
Te sientes afortunado de poder disfrutar de esos detalles, de momentos llenos de vida, de instantes envidiables, de besos de películas, de travesuras juveniles, de la alegría inocente que aun llevas dentro.

Vuelves a casa y te duchas, te sientas y meditas. Vale la pena recorrer los parques, las calles y las mentes, pararse a analizar los segundos, ver como el futuro se convierte en presente, y este, en pasado.

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