Lectores Comprensivos

25 sept. 2010

Imagine controlar el tiempo

Imaginé que podía controlar el tiempo.
Probablemente el bien mas preciado para el hombre.

Abrí los ojos sobresaltado y mire a mí alrededor. La habitación estaba tal cual se quedo antes de irme a dormir. Mire el reloj y vi  que era aun temprano e intente volver a dormir. Un extraño sonido hizo que volviera a incorporarme y a pensar que ocurría, pero todo seguía igual.
Me puse de pie intentando que no se me cerraran los ojos por el cansancio. Observe a través de la ventana que aun no había amanecido y que la luna llena seguía firme sobre la ciudad. No se escuchaba nada ni nadie, las calles parecían absolutamente desiertas, los árboles del parque no se movían y no había ni una sola nube en pleno mes de febrero. Miré de nuevo el reloj, el tiempo no pasaba, me sentí confundido.

Me pasee por la casa. Todo parecía normal, salvo un pequeño detalle, había un silencio extraño, el gran reloj del salón no sonaba. El reloj marcaba la misma hora que el despertador de la habitación. No sabia que hacer ni que pensar, ¿Cómo debía actuar?, estaba solo. Me puse algo de abrigo y bajé al portal.
Sentía curiosidad sobre lo que pasaba y atravesé el umbral del portal, abrí la puerta y el frió aire de febrero rozo mi cara. En la calle todo estaba inmóvil, cada vez las cosas parecían mas extrañas.
Recorrí varias calles prestando mucha atención a las personas que daban algo de vida a la ciudad a esas horas de la noche. Me acerqué sin hacer mucho ruido a un hombre que miraba los árboles del parque. Le pregunte que hora marcaba su reloj, pero no obtuve respuesta. Me sentí ignorado por lo que pregunte de nuevo. La única respuesta que obtuve fue el ruido que hicieron mis pies al pisar un charco. El hombre permanecía inmóvil con la mirada perdida entre los árboles, parecía sorprendido, por lo que me marché asustado.

Volví a las calles iluminadas del barrio y me percate de que las personas que antes había visto seguían inmóviles como las piedras.
Me sentí alegre, pero a la vez nervioso, la idea de que el tiempo se hubiera parado recorría mi mente. No podía ser cierto, ¿Por qué yo el único que seguía consciente?, ¿Por qué yo el testigo de aquel suceso? Deje las explicaciones para mas tarde y quise aprovechar el momento. Deambule por las calles, rompí lo que siempre quise romper, y por fin realice todo aquello que de pequeño pensé que haría si alguna vez controlara el tiempo y lo pudiera parar. Disfrute como el niño que siempre imagino que eso podría ocurrir.

Varias horas más tarde volví a casa cansado y con ganas de reponer las fuerzas perdidas. Entre ilusionado en la cama, pero me invadió el pánico. Las cosas no serían tan sencillas. Se me pasaron por la cabeza todo tipo de preguntas que me harían dudar que volvería a ver como el sol se alzaba sobre la ciudad. Después de tanto pensar caí rendido en la cama y por fin desperté. El timbre que indicaba que la clase de filosofía se había acabado daba paso al fin de semana y con ello al final de mi pequeña agonía.

Al fin y al cabo, no era más que una imaginación. 

Son solo imaginaciones

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